Cada proyecto entra por una de estas puertas. Elige la que más se parezca a lo que necesitas y ahí te contamos cómo trabajamos, qué recibes y cuánto suele tomar.
Tu tienda Shopify ya vende en la web. Una app propia en el teléfono de tus clientes vende distinto: compras repetidas más rápidas, notificaciones push que sí se leen y una marca que no compite con veinte pestañas abiertas. La lanzamos conectada a tu tienda en pocas semanas y nos quedamos operándola contigo con un plan mensual.
Un SaaS no es una aplicación web con login. Es multi-tenancy, permisos, planes, cobros recurrentes y una operación que tiene que sostenerse cuando entren mil clientes en vez de diez.
Cuando el software que existe en el mercado no encaja con tu operación, forzarlo cuesta más que construir el tuyo. Diseñamos y desarrollamos sistemas hechos para cómo trabaja tu empresa, no al revés.
El trabajo repetitivo no solo cuesta horas: cuesta errores. Cada vez que alguien copia datos de un sistema a otro hay una probabilidad de equivocarse, y esa probabilidad crece con el volumen.
Un MVP no es una versión barata de tu producto: es el experimento más pequeño que responde la pregunta de la que depende todo lo demás. Construimos eso, en 6 a 8 semanas, y lo ponemos frente a usuarios reales.
Un sistema transaccional se juzga por lo que pasa el peor día del mes, no por cómo se ve. Aquí un registro perdido es plata perdida, y un timeout en hora pico es una venta que no ocurrió. Construimos ese tipo de núcleo.
En una empresa grande el software no falla por la funcionalidad: falla por lo que hay alrededor. Permisos que nadie sabe quién dio, integraciones que se rompen en silencio y un área de seguridad que llega al final. Construimos contando con eso desde el principio.